Wall Street vivió una jornada de verdadero terror el jueves 5 de noviembre de 2026, cuando las principales bolsas estadounidenses se desplomaron por los temores relacionados con el futuro de la inteligencia artificial. El Nasdaq registró una caída del 5,52%, su peor resultado en 18 meses, mientras el S&P 500 retrocedió un 4,35% y el Dow Jones perdió un 3,44%. ¡Una sacudida de aquellas!

¿Pero cuál fue el motivo de semejante alboroto? Resulta que las victorias demócratas en las elecciones legislativas de Estados Unidos despertaron preocupación por posibles restricciones a la construcción de centros de datos, instalaciones fundamentales para el desarrollo de la inteligencia artificial, pero que consumen enormes cantidades de energía y generan cuestionamientos ambientales. La posibilidad de que se frenen o retrasen estos proyectos puso nerviosos a los inversionistas, que comenzaron a dudar sobre cuánto crecerá realmente este millonario negocio. ¡Y cuando aparece la incertidumbre, la plata empieza a salir corriendo!

Los más afectados fueron los grandes fabricantes de semiconductores. Micron cayó un 17,77%, AMD perdió un 17,39%, Broadcom retrocedió un 10,15% e Intel bajó un 10,39%. Pero el golpe que más llamó la atención fue el de Nvidia, cuyas acciones se desplomaron un 8,91%, representando una pérdida aproximada de 400.000 millones de dólares en valor bursátil. En conjunto, los llamados siete magníficos de la tecnología perdieron alrededor de 800.000 millones de dólares. A este panorama también se sumó el repunte del petróleo por las tensiones en Oriente Medio, con el barril de Brent alcanzando los 98,29 dólares.

Sin embargo, no todo terminó en números rojos, porque el viernes 6 de noviembre Wall Street intentó levantar cabeza y varias tecnológicas recuperaron parte del terreno perdido. Nvidia, AMD y otros fabricantes de chips registraron avances, mientras el Nasdaq y el S&P 500 también mostraron señales de recuperación. Eso sí, el susto todavía no termina, pues los inversionistas siguen pendientes de las posibles regulaciones, los costos de construcción y la rentabilidad de los proyectos de inteligencia artificial.